La Soledat

nov. 9, 2012     Escrit per:     Dins de: Notícies activitats

 LA SOLEDAT

La Marmessoria Jordi Arenas i Clavell, ha encomanat a la restauradora Laia Contreras la intervenció a fons de la talla Mare Déu dela Soledat, obra de Jordi Arenas i Clavell. Una imatge processional (90 x 98 x78 cm) que va sortir al carrer el Divendres Sant de 1946 i , ara, després d’anys de reclusió en un passadís lateral dela Basílicade Santa Maria, serà mostrada de nou amb la seva aparença original. Una escultura que diferia en  concepte i postura de la imatgeria corrent, com molt bé explica el crític d’art J. Pic al “Periódico Mataró” de l’abril de 1946:

SOLEDAD. Talla de Jorge Arenas Clavell

             Hay un momento, en la vida de todo artista, que ejerce una influencia decisiva en su ambientación estética. Nos referimos al instante en que crea un tema religioso, sea ya en una tela, sea, como en el caso que nos ocupa, en una talla en madera. Esta vez, y no es la primera, ciertamente, el polifacetismo que aludimos en una anterior crítica, se nos muestra en la ejecución de la Virgen de la Soledad, que ha expuesto unos dias en el Museo Municipal, para presentarla luego en la procesión de Semana Santa.

             En toda ejecución estética hay una plástica personal que podrá o no gustar a los demás, pero que encierra el pensamiento del autor de la obra.. Y al tallar la madera para crear una plasmación de abandono, de soledad densa, ha tenido muy en cuenta Jorge Arenas los factores que inciden en el momento trágico de la Protagonista. No podia, en modo alguno, remedar imaginería castellana ni recordar siquiera las esculturas célebres del sur. No podia presentar una figura en pié, como vimos en unos proyectos maravillosos de Mario Barberis, Francisco Ribera y Ramon Bosch, ilustradores de obras de Mn. Melendres (“Mater Dolorosa”, “La Montaña de la Mirra” y “El llibre de la Mare de Déu”). Y crea, en novedad de procedimiento plástico, esa Virgen de la Soledad que, ciertamente, sin que se sepa a qué advocación responde “se le vé en la cara que está sola”. Difícil tarea para una personalidad joven como el autor. Pero tarea resuelta elegantemente, mírese del plano que se mire.

             Séanos permitida una objección. A nuestro entender la colocación en que se exhibió no daba idea clara de la personificación tràgica de soledad, Debierase haber puesto a una mayor altura, la misma que será llevada en el curso de la procesión. Y haberla expuesto sin que accidentes secundarios, en este caso las telas del autor, disminuyeran el bloque, además de estar enfocada con reflectores. Son detalles que, ciertamente, hubieran ambientado más la soledad que Ella trae consigo.

             La colocación de los brazos, el drapeado del vestido en el pecho y esa cara, que copiando a Pemán muestra que “no puede llorar, porque ha agotado todas sus lágrimas” son otros tantos aciertos de Jorge Arenas. Y a la par que a él va nuestro elogio, hacemos extensivos los plácemes a Mariano Ribas, por sus afiligranados dibujos en la toca de la Virgen y a Juan Casas por sus acabados en oro, que completan el conjunto de esta bella imagen, de la que indudablemente, se hablará mucho. Jorge Arenas, sin quizá pretenderlo, viene a resolver el pleito imaginero del patetismo castellano y la exhuberancia andaluza al crear un tipo de imagen que no admite ni mantos cuajados de pedrería  ni encuadres de goteantes velones. La Virgen de la Soledad, sin ningun adorno, sola. Tal como nos la imaginamos meditando los momentos de confusión que siguieron a la muerte de su Hijo.

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